Al concierto de Metallica
En unos minutos más saldrémos de la casa en dirección al Foro Sol, donde se presentará Metallica.
Un momento importante en mi vida, 10 años de espera están a punto de terminar.
Estoy emocionado.
En unos minutos más saldrémos de la casa en dirección al Foro Sol, donde se presentará Metallica.
Un momento importante en mi vida, 10 años de espera están a punto de terminar.
Estoy emocionado.
Aarlios sabia que iba a morir. No había duda. Así lo indicaban los ojos furiosos de Mercarios. Y el hecho de que Mercarios hubiera llegado antes a su casa y lo hubiera encontrado hurgando en su baúl en lugar de solamente descubrir el hurto horas después como mandaba el implecable plan ideado por Aarlios el mes anterior, solamente confirmaba su presentimiento.
Ahora tenía dos opciones, morir como ratón asustado y sin defenderse o usar el brazalete de marfil para enfrentarse a Mercarios. Pero solamente tenía tres segundos para tomar la desición y ya habían pasado dos. De repente todo comenzó a pasar de manera lenta ante sus ojos y se encontró mirando, como si mirara a alguien más, la escena que siguió. Mercarios comenzó a meter el pie por el marco de la puerta, en dirección a la espada que se encontraba sobrea la chimenea llena de cenizas frías. Su brazo se alzó en busca del frío mango que sería quizá su única defensa contra el pequeño truhán. Aarlios, por su parte, tomó el brazalete en su mano izquierda sintiendo la fría textura y las imágenes y simbolos grabados en su superficie y alzó la mano derecha dispuesto a ponérsela antes de que Mercarios pudiera abalanzarse sobre él. Mercarios, sin quitar la vista del muchacho y con la familiaridad natural de alguien que conoce exactamente dónde están las cosas más valiosas de su casa, tomó el mango de la espada y sin dudarlo siquiera un segundo y con el mismo impulso abanicó la espada y la lanzó en dirección del ladrón. Aarlios estiró el brazo, y sin esperar más decidió poner a prueba el mito. Pensó: “detente Mercarios”. Sudor frio y un miedo glacial le recorrió la espalda al caer en la cuenta de que si el mito era falso en poco tiempo estaría muerto. Ya no había vuelta atrás. Vió el acero brillar frío e implacable. Una serpiente estaba dibujada claramente a lo largo de la hoja. Como si fuera un sueño increible hasta pensó que era una espada realmente bellísima. No merecía estar sobre una chimenea sucia. Si fuera suya la portaría todo el tiempo. Quizá pronto sería suya pensó, si no es un mito.
El mito decía que el brazalete tenía poder sobre los Imercators, los habitantes del reino antiguo de Imercaton, donde las leyes del mundo eran distintas y el mundo estaba sujeto a sus deseos. Un día, hace ya varias edades, un Imercator, del cual se ha borrado ya su nombre y se ha prohibido nombrarlo, quiso tener también poder sobre sus compañeros. En secreto creo un brazalete, hecho con una las dos piezas de sustancia blanca que descubrió en lo profundo de una gruta. Al tocarlas un destello nubló la mente del Imercator y vió un mundo azul, lleno de agua y donde brillaba un fuego amarillo imposible de mirar. Intento acercarse a ese fuego, deseando tocarlo y poseerlo sólo para sí. Dió un paso hacia adelante y entonces tropezó con una piedra del fondo de la gruta y al caer despertó de la ensoñación. Para su sorpersa, delante de él había otro Imercator que lo miraba sorprendido. Al darse cuenta que alguien más sabía de la existencia del material, sintió crecer dentro de sí el deseo de hacerlo callar, de obligarlo a guardar el secreto, y mientras esto sucedía, sus manos apretaban con fuerza cada pieza blanca. Y al hacerlo descubrió algo muy raro, el otro Imercator comenzó a brillar con la misma intensidad del fuego que acababa de vislumbrar. El otro Imercator primero se sorprendió pero después empezó a retorcerse con desesperación. Las piedras caían alrededor de ambos, mientras luchaban una lucha desigual, una lucha que inciaría una guerra que terminaría destruyendo su mundo. Finalmente se impuso la fuerza del que sostenia las piezas de marfil y, descubriendo su crimen y su nueva condición, comenzó a desandar su camino, dirigiendose a su casa y sopesando la magnitud de su nuevo poder. Tras él quedaba un rastro de destrucción que a cada paso iba siendo más y más avasallador. Cada paso relataba el creciente dominio del Imercator sobre sus recientemente adquiridos poderes. Pronto era visible desde muy lejos su avance destructor. Los demás Imercators lo notaron y no tardaron en concluir que algo había cambiado. Uno tras otro se congregaron, primero por curiosidad y luego por miedo. Poco a poco se fueron preparando. El miedo los hizo fuertes, y los hizo unirse. Finalmente se encontraron frente al causante de esa marejada de destrucción. Éste se detuvo frente a ellos y sonrió con la confianza de un depredador frente a una presa indefensa. Miró a ambos lados y vió a cada uno de sus compañeros y les dijo: Ahora yo soy Imercaton, Imercaton soy yo. Nadie habló. Todos notaron lo que sostenía con fuerza en cada mano y supieron que eso era la causa del cambio. Alguien intento avanzar hacia el Imercator dispuesto a enfrentarlo. El Imercator estiró el brazo y le dijo: detente, Imercator. Y así sucedió. Una incredulidad se apoderó de los demás Imercators al descubrir que ya no eran ellos los que imponian sus deseos al mundo sino que era ahora el Imercator el que se imponia sobre ellos. Dos más intentaron enfrentarlo; luego tres y luego los restantes. Todos se quedaron inmóviles como estatuas. El Imercator volvió a sonreir. Dio la vuelta y regresó sobre sus pasos. Cuando desapareció de la vista, uno a uno los Imercators recuperaron el control de sus cuerpos y la furia que ardía dentro de ellos era infinita. Juraron vengarse, así fuera pagando con sus vidas la injuria. Nadie supo nada del Imercator por un tiempo y ellos se organizaron como mejor pudieron. Al fin, declararon la guerra sobre el tirano y sobre el origen de la tiranía. Decidieron que lo vencerían y arrojarían las piezas del material blanco fuera del mundo y cerrarían su mundo nuevamente para que nuca nadie intentara ser mayor a sus compañeros. El más viejo de ellos decidió que se exiliaría junto con las piezas fuera de su mundo, sin opción a regresar jamás. Además, se encargaría de esconder las piezas en donde nadie fuera capaz de encontrarlas nunca. Y el secreto moriría con él. Así lo hicieron. Iniciaron la guerra de las guerras que destruyó a la mayoría de los Imercators y que dejó a los restantes sin deseos de recordarla. En la batalla final, todos los Imercators rodearon el valle donde se encontraba el Imercator. Él los dejó rodearlo, confiado en su fuerza. Mientras veía como se formaban uno a lado del otro a su alrededor miró el brazalete que había creado a partir de los pedazos blancos encontrados. De esta forma siempre llevaba consigo la fuente de su poder. Cuando se cansó de verlos ahí, enfrentándolo, se puso de pie y miró a la multitud que había venido por él. Sonrió una vez más y comenzó a estirar su brazo. Pero no tuvo tiempo de hacerlo. Antes de que pudiera alzarlo y ordenarles que murieran, algo paso volando a su lado de manera sorpresiva. Un brillo extraño paso frene a sus ojos y cuando desapareció, también había desaparecido su brazo. Durante un momento no supo qué pensar. Esto era totalmente nuevo, inimaginable, intolerable. Luego, un dolor desgarrador lo despertó a la realidad. Su brazo yacía en el piso. Hipnotizado, miró su brazo como nunca lo había visto, como si fuera de alguien más y el brazalete lo adornaba hermosamente. Esa fue su perdición, porque si no hubiera desperdiciado el tiempo mirando su recién perdido brazo, hubiera podido ver que a lo lejos volaban piedras de todos los tamaños en su dirección. Volteó a su lado izquierdo y miró una espada clavada en el piso, su mango era del mismo material blanco que tanto le fascinaba. Volteó a su derecha mientras la primera piedra lo golpeaba inundandolo con una nueva oleada de dolor. A lo lejos miró al viejo Imercator observándolo fijamente. Otro golpe lo envió al piso y cayó mirando su brazo inerme. Pronto todo se comenzó a oscurecer y lo último que vio fue al viejo recoger la espada que había lanzado contra él y usarla para separar la mano del brazo y tomar el brazalete. Una montaña de piedras cubrió el valle completamente, hasta que una nueva montaña emergió en el lugar. La mañana siguiente, se reunieron los Imercators sobrevivientes. Se concentraron en un circulo que cubría gran parte de la superficie de la nueva montaña. El viejo Imercator estaba enmedio. De repente, todo comenzó a temblar. El aire comenzó a condensarse alrededor del viejo que sotenía en una mano la espada y vestia el brazalete en el otro brazo. Pronto la estructura del mundo alrededor del viejo cambió. Un agujero impensable y aterrador se abrió dispuesto a devorarlo. El viejo volteó sorprendido, alzando la espada y cubriendose el rostro con el brazalete. Una duda lo envolvió y trató de voltear hacia sus compañeros para enfrentarlos, pero ellos no lo dejaron y, concentrándose más, lo empujaron hacia el agujero sellándolo tras él. Al cerrarse, todos cayeron al suelo, agotados. Poco a poco se fueron levantando y cada quién se fue en la dirección que mejor le pareció. Aunque habían vencido al Imercator, éste también los había vencido a ellos. Les había mostrado que ellos podían dominar a sus compañeros y al mismo tiempo, al castigar ellos el alzamiento del Imercator, se habían negado los medios de dominar a sus compañeros. Los sobrevivientes, temerosos de que alguno de sus compañeros tomara la espada y el brazalete, prefirió empujar al viejo a la nada. El viejo, al notar su posibilidad de reinarlos, fue consciente de las consecuencias de su indesición demasiado tarde.
Mercarios, despertó en un mundo azul lleno de agua y de un fuego imposible de mirar. A lo lejos una aldea de casas de madera manchaba el cielo con los humos de sus chimeneas. Caminó hacia allá, sosteniendo su espada y sintiendo el peso del brazalete en su brazo. Cada paso que andaba imaginaba como sería gobernar a los pobres habitantes de esa aldea y a los de ese mundo tan cegadoramente azul. A lo lejos vio a varios animales reunidos y algo llamó su atención. Tenían un par de piezas blancas afiladas al frente. Volteó a mirar su espada y su brazalete. Una sensación extraña comenzó a tomar forma dentro de él. Al acercarse, confirmó su presentimiento. Eran la misma sustancia. Y no había nadie que pareciera tener un interés especial en ella. No había necesidad de esconder los fragmentos del material blanco en un lugar secreto. Quizá por eso detrás de él no había un rastro de destrucción como el que recordaba de su mundo. Se dirigió a la aldea. Todos lo miraron con asombro. No traía ni equipaje ni comida. Solo una espada y un brazalete. Todos pensaron que estaba loco. Cuando intentaron hablar con él, sólo respondia con sonidos ininteligibles. Se aisló. Sólo los niños acudian a verlo, más por curiosidad y para hacerle bromas. Con el tiempo comenzó a enteder lo que decían los habitantes del pueblo. Pasado más tiempo ya nadie le prestaba atención. Los niños se hicieron grandes y los niños de los anteriores niños eran ahora los que acudian a verlo. El trataba de platicar con ellos. De contarles la grandiosidad de su mundo y las historias de la guerra que la cimbró. Los niños lo escuchaban divertidos, dándole el mismo interés y atención que le daban a corretear ardillas y lanzar piedras al rio. Al llegar a sus casa le repetían las historias a sus padres y los padres, pacientes, los escuchaban sin interrumpirlos. Esto sólo confirmó a los adultos que el viejo estaba loco. Menos atención le daban después de eso. Un día, al caminar por la plaza con una turba de niños siguiéndolo y burlándose de él ya no aguantó más. Se arrepintió amargamente de su autoinfligido exilio. Imaginó a sus antiguos compañeros riéndose de su solitario destino. Una furia crecia en su pecho, mientras pasaba tropezando entre los puestos de la plaza. Los dueños de los puestos le gritaban viejo loco, fíjate. El corría lo más rápido posible, notando con tristeza que en este mundo brillante, su cuerpo degeneraba con rapidez. Al llegar a su casa vió la puerta abierta. No estaba dispuesto ya a soportar esa humillación. Él fue, por un instante, señor de los Imercators. Él fue, Imercaton. Y al abrir la puerta vió que un muchacho flacucho, con cara sorprendida, se atrevia a irrumpir en su palacio y robar uno de los dos únicos recuerdos de su mundo. No lo iba a permitir. Nunca más. Se lanzó en pos de la espada. Sin pensarlo dos veces, desahogó su furia contra el niño que en un infantil juego, había intentado jugar a ser Imercator. Antes de que Mercarios pudiera reflexionar en lo que hacía, la espada ya volaba por los aires. Como si mirara un sueño, vio al niño alzar el brazo en una burda imitación del Imercator y escucho las palabras:
detente, Mercarios.
Pero no estaban en Imercaton. Aquí el marfil sólo es blanco y nada más
Hoy es un día especial para nosotros porque Tristán cumple 2 años. El sábado pasado le hicimos su fiesta y se la pasó muy feliz. Y nosotros felices al verlo tan alegre.
Felicidades a mi bebé.
Al fin llegó el día.
Mañana 21 de mayo es la exposición de Aline, “Transgresión de lo Ordinario” y estamos tanto emocionados como nerviosos. Y al decir estamos no intento robarle crédito a Aline, en lo absoluto. El trabajo, el tiempo, el esfuerzo y la creatividad son completamente de ella. Yo sólo di mi apoyo total e incondicional a mi absolutamente amada y aún más admirada esposa. Pero digo estamos porque para mi es un gran orgullo verla crecer, emocionarse y hacer algo que la llena de satisfacción profesional y personal, por no decir de felicidad. Me da muchísimo gusto ver el producto de su esfuerzo y al mismo tiempo me siento feliz de que ella pueda avanzar y hacer las cosas que le gustan y que las comparta conmigo.Tristán es ahora muy pequeño para comprender el significado de un evento como este, pero estoy seguro que cuando sea más grande y lea o escuche sobre esta primera exposición se sentirá orgulloso de su madre.
Así pues, en unas horas inicia la exposición “Transgresión de lo Ordinario”.
Y también visiten la nueva página de Aline, epopteia.
Finally, after 10 years waiting for this to happen, I have my tickets for Metallica.
The last time they came to Mexico I was in my first year of university and totally broke because I didn’t worked yet and I depended financially from my mother. So I couldn’t go.
Now the things are different and I can, fortunatelly, pay for this sort of things. Aline and I have assisted to a lot of concerts and some of them were really memorable. For her, Radiohead was the überkonzert, not only for the music and the group themselves, that were really good, but also for the time waiting for the artist to return. Besides, not knowing if they will return added a lot of more anxiety to the waiting.
Now it is my turn to enjoy this concert. June, 6th is the date.
I’m really happy now
I am very tired.
Two long months trying to push my project out of the door.
I never thought that it would be so hard. Indeed it is very hard. You have to have your nose into everything. It is not just the application, that per se is already a very demanding mental and physical activity, but also the paperwork to start a business, the paperwork, the money, fees, taxes, lawyers, the banks, etc. And don’t forget the operational ones: the domain, the SSL certificate, the merchant account, the gateway for the credit card transactions, the look & feel of the app, the database, the unit testing, the functional testing, the load testing. And all of this in your free time, after day work, in the night, sometimes until dawn. Sleeping bad, sleeping with the eyes open in the day. Trying to get more hours of a single day.
Don’t forget the beta testers. I don’t have anything against them, in fact they are the most valuable source of feedback for the app. Without them I would be building beautiful and almost-useless feature-loaded apps that in my fantasy world would met the user needs. They prevent the application to grow into a mess. This alone deserves my most grateful respect for them. But they also give you ideas of new features that, they say, it would be absolutely nice to have in version 1.0. It is easy to consent and add the features to the app. But if you do this, it will never be a version 1.0. So one of the most dificult things in this long way to 1.0 it is to politely say: thank you very much but not in this version. The good thing is, they know that you are hearing them.
Finally, the fear.
This is the most dificult one. Every three or four minutes you think, this is not going to work. This will have no value for anybody. This will be a big failure. Well, it may be. Nothing is for sure. But I try to overcome the fear and to imagine that everything it will be alright. Look, the worst thing that can happen it is that nobody like it. Well, nobody has died of depression (I hope).
The fear is a very powerful enemy. You can’t see it, you can’t forget it. You can’t buy something that makes it disappear. The only thing you can do is confront it. If, at the end, everything goes wrong, you can say that you tried hard.
I’m trying hard. I have fear but I’m trying.
Hopefully, this period will pass soon and I could see if it was worth the effort. Besides, no matter the outcome, I’m learning a lot in the process.
So here I’m, trying to reach 1.0. I can see the finish line already. A little more. Another push.
Tus ojos revelan el eco de tu amor
Tu boca susurra las caricias de tu alma
Tus manos prodigan el calor de tu deseo
Que puedo dar yo si ya me tienes preso
Prendido de tu aliento en la noche sin calma
Unido a tu cuerpo en el banquete de amor.
Las vacaciones vinieron y se fueron. Dejaron recuerdos, alegrías, asombro, festejos y cansancio. Va el relato:
Todo comenzó el viernes 19 de diciembre. No, más bien, todo comenzó el jueves 18, con mucho trabajo pendiente aún antes de poder irme sin preocupaciones. Después de salir tarde del trabajo, tratando de avanzar lo más posible, me resigné y preferí llegar el viernes muy temprano para terminarlo, sobre todo porque de todas maneras debía yo ir el viernes. Además, ya era hora de llegar a la casa para la cena con Álvaro. Pasé a comprar las botellas de vino para acompañar al fettuccine con salmón que Aline iba a preparar y Álvaro a aprender. La cena estuvo deliciosa como siempre y el vino no se quedó atrás. Nos pusimos a platicar mientras duró la botella y aún nos faltaba poner nuestra maleta. Luego de que Álvaro se retiró, comenzamos a preparar la maleta porque el viernes nuestro vuelo partía a las 2:45 pm. Pero además yo tenía que terminar otro documento para otro proyecto que traigo, por lo que después de terminar con los preparativos para el viaje, me puse a trabajar. Me dormí a las 3:30 am y me levanté a las 6 am. Tratando de verle el lado bueno, ya que ese día era el día que comenzaban las vacaciones, llegué a la oficina a las 7 am a terminar las cosas que dejé pendientes el día anterior. Salí a las 11 am y regresé a la casa. Preparamos la maleta, bañamos a Tristán, revisamos la lista de pendientes y cuando vimos que ya no nos faltaba nada, desayunamos. Tomamos el taxi y nos dirigimos al aeropuerto: dos largas horas de espera, hacer fila para documentar las maletas, Tristán feliz corriendo por todos los lugares a donde no está permitido pasar, comer comida carísima en el aeropuerto; lo normal en estos casos. Abordamos. Tratamos de mantener despierto a Tristán para que viera el avión pero media hora antes de subir cayó rendido. Cuando abordamos el avión lo desperté rápido para que viera el avión (le encantan) pensando que se dormiría nuevamente. Pues no. Se fue todo el vuelo (dos horas) despierto. El problema no es que estuviera despierto, sino que no hubo manera de convencerlo de estarse quieto y no echarse a correr por los pasillos. ¡Toda una hazaña! Al fin, y a pesar de todos los pronósticos en contra, llegamos a Cancún sin que Tristán hiciera del avión su patio de juegos.
Yo no nací para climas cálidos. Prefiero soportar el frío que aguantar el calor. Ya me había hecho a la idea de que me la iba a pasar con la ropa empapada de sudor y pegada al cuerpo. No fue tanto, aunque si es notable el cambio de clima. Nunca había ido al sureste mexicano. Todo mundo me hablaba maravillas de él. Además, tenía un interés especial por conocer Cobá. Hasta bromeaba diciendo que me iba a llevar mi banderita para ir a reclamar el legado de mis antepasados. Pues al fin estaba allá. Llegamos a las 5:30 pm y ya estaba oscureciendo. Esa noche solamente tuvimos tiempo de rentar un auto, cenar en un restaurante mega caro (aunque rico, eso sí) y hacer el check in en el hotel.
En realidad el viaje a Cancún era para asistir a la boda de Mariana, la mejor amiga de Aline, pero fue el pretexto perfecto para conocer esos lugares. La boda era hasta el lunes, lo que nos dejaba libres el sábado y domingo. Desgraciadamente muy poco tiempo para conocer tantos lugares, así que lo aprovechamos lo mejor que pudimos. El sábado nos levantamos temprano, desayunamos y nos fuimos a Tulum. Hermoso, irrealmente paradisiaco. El lugar más hermoso sobre este planeta. De todos los lugares a donde fuimos en estas vacaciones es el que más se me grabó en el alma. El mar es absolutamente hipnotizante. El aire y la vegetación junto con las ruinas sobre la tierra y la arena blanca de la playa le dan un toque mágico que te hace imaginar los tiempos cuando esta zona estaba poblada por sus habitantes originales. Debió se maravilloso vivir en un mundo así. Yo llevaba cargando a Tristán, quería cargarlo cuando viera por primera vez el mar. En algún momento, entre las ruinas, divisamos el mar azul y se lo señale a Tristán. No se que habrá pensado o si para el era igual de trascendente que para mi ese momento. Desde que llegamos a Tulum y comprábamos los boletos para entra a las ruinas arqueológicas comencé a sentir un imperioso deseo de ver el mar. Cada paso que nos acercaba cerca del mar hacia que fuera más grande e irresistible ese deseo. No se si la sangre llama, pero se lo que sentí y por eso cargué a Tristán, para que juntos sintieramos eso. Aline venía a mi lado, emocionada y feliz de estar ahí conmigo y con Tristán. Yo estaba más que feliz de estar ahí con ellos. Hasta ese momento no había comprendido la magnitud de esa visita. Finalmente llegamos a la orilla del mar. Y ahí, Tristán, Aline y yo contemplamos el mar milenario que tantos habían visto antes que yo. En el que tantos se habían sumergido regresado a la matriz del mundo. Definitivamente hay algo en el agua que encanta, que atrae. No aguanté más y sin esperar a los demás me bajé con Tristán las escaleras hasta la playa. Sentí la arena blanca tantas veces descrita. Tristán se empezó a poner nervioso con las olas, con la majestuosidad del mar. Cuando traté de ponerlo sobre la arena comenzó a llorar. Vimos las olas romper contra la arena, sentimos a arena, vimos el horizonte. Aline y sus papás llegaron y nos dispusimos a meternos al mar. Yo no lo pensé dos segundos y, nuevamente sin esperar a los demás, me metí al agua. ¡Oh maravilla! Volver a lo básico, a lo primitivo del hombre. A sus primeras experiencias con el mundo infinito, inabarcable e incomprensible, lleno de misterios y magia; cuando el hombre era más uno con el mundo que en esta época de aviones y compra de boletos a Cancún por internet. Salí por Tristán e intenté que se metiera al mar o que al menos se mojara los pies con las olas que llegaban a la playa. No hubo manera. ¡Vaya que es firme en sus decisiones este niño! Decidió que el mar era demasiado extraño para animarse. Lo cargué y me metí con él hasta que el agua le llegó a las rodillas mientras que yo lo cargaba. Lloraba asustado, así que lo regresé a la playa y se quedó ahí con sus abuelos jugando con la arena. Yo me quedé en el agua todo el tiempo. Aline me alcanzó. Pero el tiempo pasa muy rápido cuando eres feliz. Y llegó el momento de irnos. Me resistía a salir del agua, pero Cobá nos esperaba. Después de varios kilometros y un vuelta mal dado que nos llevo a visitar por accidente Yucatán, llegamos a la zona arqueológica de Cobá. Aline y yo subimos la pirámide Nohoch Mul, que es la principal de Cobá. Una vista impresionante desde arriba. Tomamos fotos, nos sentamos, entramos. También tomé 5 piedritas de la cima de la pirámide como gesto simbólico de la toma de posesión de mis terruños.
Y de los de Tristán también.
Ese día en la noche fuimos a conocer Playa del Carmen, que es donde nos estuvimos quedando. Cenamos y nos fuimos a dormir.
El domingo nos fuimos a Xel-Há. Muy bonito, muchas actividades, mucha comida y bebida. Mucho buceo con Aline. Bajar el rio buceando con ella es uno de esos momentos memorables. Tristán maravillado viendo iguanas, delfines, tucanes y peces. El clima maravilloso, la comida muy rica, el sol muy agradable. En la noche ya estábamos muy cansados y solamente llegamos a dormir al hotel. Al día siguiente era la boda.
Boda en lunes. Inusual. Se nos hizo tarde y no encontrábamos la iglesia, pero llegamos justo al medio día y al medio de la boda. Después la fiesta en una palapa al lado del mar de Cancún. No pudimos entrar al agua, ya que íbamos muy bien arregladitos. Tristán hasta corbata azul se puso. Después de la fiesta, de la que nos retiramos como a las 8 pm porque el viento al lado del mar estaba imposible de soportar y menos con Tristán saliendo de una gripe, nos fuimos a una plaza comercial muy peculiar llamada La Isla. Ahí, después de darle la obligatoria vuelta para ver las tiendas, cenamos fondue de queso y vino (aunque no tan bueno como los que hace Aline) en un restaurante italiano.
Ya solamente nos quedaba medio día en Cancún y queriamos aprovecharlo, así que el martes muy tempranos nos fuimos a la playa de Playa del Carmen. No tan bonita como Tulum, pero bonita. Tristán nuevamente no se acercó al agua. Solamente Aline y yo. Los papás de Aline y Tristán se quedaron en las sillas jugando en la arena.
Finalmente regresamos al hotel a arreglarnos y hacer el check out. Entregamos el auto y nos llevaron al aeropuerto. Esta vez Tristán pudo ver el avión todo el tiempo y se durmió durante el viaje lo cual fue un par de horas de tranquilidad para nosotros. Llegamos a la Ciudad de México a las 9 con tráfico y toda la cosa. Solamente llegamos a aventar las cosas y preparar nuevamente la maleta porque ahora seguía Puebla.
Salimos a las 6 am, después de dormir 5 horas. Llegamos Aline, Tristán, mi mamá y mi primo a las 10am del 24 de diciembre. Justo a tiempo para iniciar los preparativos de la fiesta que se avecinaba. Al día siguiente se bautizaba mi sobrino.Pero antes, el 24 comimos y cenamos muy rico. Al día siguiente fue el bautizo y luego más comida rica. Ya para entonces resentíamos el cansancio, así que el viernes nos dedicamos a descansar.
Pero el sábado nuevamente a las andadas, nos fuimos a visitar el pueblo del que son originarios mi familia. En medio de las montañas de la sierra negra de Puebla, fuimos a visitar la casa donde crecieron mi mamá y mis tios. Muy tranquilo, muy relajante y muy lejos del bullicio de la ciudad. Regresamos de noche por una carretera que aunque de día parecía muy bonita por los paisajes, por las noches es muy peligrosa, ya que está absolutamente sin señalización. De hecho hay puntos donde no sabes en que carril vas y solamente te guías por las luces de los demás automóviles o de plano, donde no hay automóviles, por los gritos asustados de Aline de que ya estábamos saliéndonos de la carretera.
Para entonces ya extrañábamos muchísimo nuestra propia cama. Tristán ya estaba harto de tanto viajar en coche y además el lunes regresaba yo a trabajar, así que el domingo al medio día tomamos camino nuevamente a la Ciudad de Mexico. Y para terminar con broche de oro estas vacaciones, con el cuerpo muerto de cansancio y con ganas de llegar y acostarnos, nuestra casa nos recibió con los brazos abiertos y un tiradero que exigía limpieza inmediata. Ni modo, a limpiar. Como a las 8 de la noche terminamos y nos pusimos a ver una película, tomarnos una cerveza y descansar lo poco que se pudiera de estas ajetreadas pero muy divertidas y memorables vacaciones antes de regresar a la rutina de siempre y al trabajo.